"TUS DÍAS DE ABUNDANCIA ESTÁN CONTADOS"
"La verdad tiene un sabor a disparate y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que ya no quieren seguir engañándose a si mismos. Hermann Hesse"
13 de enero de 2009
Los Edukadores
"TUS DÍAS DE ABUNDANCIA ESTÁN CONTADOS"
7 de enero de 2009
Think For Yourself
Question authority.
Throughout human history, as our species has faced the frightening,
terrorizing fact that we do not know who we are, or where we are going in
this ocean of chaos, it has been the authorities, the political, the
religious, the educational authorities who attempted to comfort us by
giving us order, rules, regulations, informing, forming in our minds their
view of reality. To think for yourself you must question authority and
learn how to put yourself in a state of vulnerable, open-mindedness;
chaotic, confused, vulnerability, to inform yourself.
Think for yourself.
Question authority.
Order
Regulations
Rules
Think for yourself.
Question authority.
Regulations
Rules
Comfort us
28 de diciembre de 2008
Fragmento del capitulo 22 de la novela "Pulp", de Charles Bukowski.
Simplemente me quedé allí sentado esperando. Unos diez minutos después sentí
un hormigueo por todo el cuerpo. Fui capaz de mover la mano un poquito.
Luego, otro poquito. Me llevé el vodka a los labios, conseguí inclinar la
cabeza y me lo bebí todo. Puse el vaso en el suelo, me estiré en la cama y
esperé de nuevo a que me entrara el sueño. Oí un disparo en la calle y
comprendí que en el mundo todo iba bien. A los cinco minutos estaba dormido.
Como todos los demás.
22
Me desperté deprimido. Miré el techo, las grietas del techo. Vi en ellas un
búfalo que se lanzaba sobre algo. Pensé que era sobre mí. Luego vi una
serpiente con un conejo en la boca. El sol entraba a través de las rajas de
las persianas y formaba una esvástica en mi vientre. El agujero del culo me
escocía. ¿Sería que tenía otra vez hemorroides? Tenía el cuello rígido y la
boca me sabía a leche agria.
Me levanté y fui hacia el cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo
pero lo hice. Vi depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de los
ojos. Ojillos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato.
Tenía la carne floja. Parecía como si le disgustara ser parte de mí. Las
cejas retorcidas para abajo parecían enloquecidas, unos pelos de cejas
enloquecidas. Horrible. Tenía un aspecto asqueroso. Y ni siquiera tenía
ganas de mover el vientre. Estaba atrancado. Me dirigí al retrete a mear.
Apunté bien pero no sé por qué salió de lado y se estrelló en el suelo.
Intenté apuntar mejor y meé toda la tapa del retrete que me había olvidado
de levantar. Arranqué un buen pedazo de papel higiénico y lo limpié. Limpié
el asiento. Eché el papel dentro de la taza y tiré de la cadena. Fui a la
ventana, miré hacia afuera y vi una cagada de gato en el tejado de la casa
de al lado. Luego me di la vuelta, busqué el cepillo de dientes, apreté el
tubo. Salió demasiado. Rebasó el cepillo y cayó al lavabo. Era verde. Era
como un gusano verde. Metí un dedo, cogí un poco, lo puse en el cepillo y
empecé a cepillarme. ¡Dientes! ¡Vaya una maldita cosa! Tenemos que comer y
comer y volver a comer. Somos asquerosos, condenados a nuestros pequeños y
sucios hábitos. Comer y tirarse pedos y rascarse y sonreír y marcharse de
vacaciones.
Terminé de cepillarme los dientes y me volví a la cama. No me quedaba
ninguna energía, ningún ánimo. No era más que una chincheta. Un pedazo de
linóleo.
Decicí quedarme en la cama hasta mediodía. Quizá para entonces la mitad del
mundo se habría muerto y sería sólo la mitad de duro de sobrellevar. Quizá
si me levantase a mediodía tendría mejor aspecto, me encontraría mejor. Una
vez conocí a un tipo que no defecaba desde hacía días. Al final simplemente
explotó. De verdad. La mierda le salió volando de la barriga.
Luego sonó el teléfono. Lo dejé sonar. Nunca contesto al teléfono por la
mañana. Sonó 5 veces y luego paró. Ya. Estaba a solas conmigo. Y como era
asqueroso, era mejor que estar con otra persona, con cualquier persona de
las que andan por ahí con sus penosas triquiñuelas y juegos de manos. Me
subí las mantas hasta el cuello y esperé.
charles bukowski
27 de noviembre de 2008
Miguel Rix - Y GRITÉ MIL AÑOS
Un día, estaba hasta la polla de todo mi cuerpo,
y me arranqué de cuajo el alma.
¡Ahí la tienes!, le dije a un duende,
¡dásela a otro con menos pena!.
Se me escapó por la rendija, y se llevó los restos de mi piel helada...
Cien batallas, y los huevos: negros de tanto humo,
cien estrellas, y con ellas: volándome la cordura,
la ruleta rusa en la que siempre perdí.
Y escuché los cuchicheos..., las viejas de mi bosque criticaban,
¡dale!, ¡dale!, por ahí va el cuerpo del loco,
pero luego: yo:¡ la brisa!...
Y se echaron las manos al bolso... ¡cuidado!,
Que sin cuerpo no puedo robaros...
¡Ni quiero!.
Y un día, el duende regresó...
¡oye tú, maldito loco!, toma tu piel, y tu alma,
que no las quiero -dijo el cabrón-,
Yo no dije nada, pero me respondió:
Me las probé un día, y ahí te las dejo,
Cuenta, cuenta..., eso sí me interesó...
Me puse tus ojos y le vi las fauces a los lobos:
A los malos, no a los que no dejan aullar;
Me puse tu boca, yese sabor tan bello a frutas prohibidas...
Desde entonces ya no me gusta na`
Me puse tus botas, las de irte a andar...,
me sacaron de la ciudad,
Y fui a charlar: con los robles, con las nubes, con los montes...
Lejos de toda mancha de humanidad.
Me puse tu corazón... ¡y no estaba roto!,
¡es que latía!; y latía y gritaba y se desgarraba: funcionaba;
pero nadie le oía y su llanto: ¡cuanto dolía!.
Ahí te quedas con tu alma, que yo no la quiero, me marcho.
El duende marchó, y eché al fuego el alma,
Y me vuelve a doler el pecho,
de vivir, por vivir;
de soñar, por soñar...
Y de repente morí,
condenado a escribirle canciones a no sé qué dios maldito,
en un infierno sin hogueras,
lleno de palabras mal-nombradas,
lleno de esclavos con dueños... sin sueños.
Lleno de amor mal-llamado pecado,
y matando a cada voz, que suene desde fuera de palacio.
Mi condena son mil años gritando,
a un mundo que nunca ha escuchado,
A un dios que debe andar borracho...
¡Perra condena!.
20 de noviembre de 2008
Miguel Rix - El Galle y las drogas
El galle sabía drogarse; de eso no hay duda-, pero el resto era distinto, él conocía la delicada línea que no has de cruzar en ciertos momentos, bajo el efecto de ciertas drogas en ciertos sitios. Pero había mucha gente que se drogaba para poder ser, y claro: nunca fueron, nunca son, y lo que es peor, de seguir utilizando aquellos métodos- nunca serían.
Había otros que se drogaban para no estar, otros se drogaban para estar todo el rato: omnipresentes, aunque no tuvieran nada que decir: nada nuevo que decir. Tan sólo querían que la noche no acabara nunca, quien sabe si porque les aterraba la idea de volver a su vida;... me va bien..., a la mañana siguiente. Había gentes que se drogaban buscando con ello a la chica o al chico de sus sueños, y claro estaban tan drogados que, cuando éste o ésta se les cruzaba por delante, tenían la cabeza como un bombo... como para darse cuenta de algo...
Había otros que se drogaban porque no sabían hacer otra cosa, lo llevaban haciendo desde siempre, y para ellos el llevar su gramito de coca y sus diez euros de chocolate en el bolsillo, era como para otros el lavarse los dientes después de comer, o el puto cigarrito de después de tal. Las drogas les daban el punto necesario para acabar sucumbiendo a los catorce pelotazos cargaítos que el galle les ponía mientras ni pinchaba para ellos, ni escuchaba su constante y monótono ronroneo compuesto por chistes, piropos mal tirados a gentes mal elegidas, en momentos mal hallados. Al galle no le gustaba la gente que se drogaba porque sí. Al galle le gustaba enseñar a drogarse a la gente, y a muchos de ellos había que recomendarles que ni siquiera les hacían falta las drogas o bien para seguir toda la vida durmiendo, o bien porque les despertaban demasiado sus mentes, y hay mentes que más vale que sigan dormidas... los durmientes no generan violencia...
Y al galle le gustaba aquello de impartir una cátedra que por ilegal, permanece vacante en la universidad de la vida. A él le gustaba ejercer de catedrático de drogología, a él le gustaba la objetividad de quien conoce a fondo las sustancias, que como bien escribió Paracelso, pasan de curar a matar con sólo variar su dosis: pasan de ser medicina a veneno tan solo con tomar una mayor cantidad. Al galle le gustaba que la gente leyera el libro que tenía siempre en el bar (uno de ellos), ese que se llamaba: "Aprendiendo de las drogas", de un señor lúcido (como le decía Dante a Hache en aquella maravillosa peli) como es: Antonio Escohotado.
-¡Coño, Javi!- dijo el galle al ver que por fin éste se había levantado de la silla eléctrica donde llevaba juzgándose toda aquella noche- Mira Javi, éste.-refiriéndose a Miguel-, es el bajista que nos faltaba. Vamos a cantarle a la vida, yo voy a cantar para que despierten, y tú vas a tocar la guitarra, y éste el bajo.
-¡Me parece correcto! -dijo Javi animándose súbitamente-.
-Habría que ver cómo tocas la guitarra -dijo Miguel.
-Con el alma. Yo le he escuchado porque ha tocado aquí un par de veces, ¡y te digo que con el alma tío!..., ¡con el alma!, y encima es un chaval... y a ti y a mí, nos va a venir bien ser adolescentes de nuevo -el galle se lo dejó todo muy clarito a Miguel.
-Pues sí, ¡me apunto a la idea!... ¿Y qué es de tu vida chaval?
-Me acabo de pirar de casa, y soy un bastardo, y ahora pongo sobre la barra mis últimos cinco euros... ¿me das cerveza galle?
-Hijos bastardos... ¡Ya lo tengo! -Miguel se refería al nombre del grupo.
-No -el galle siempre tenía algo que aportar-: Vuestros hijos bastardos.
-¡Claro!, vamos a cantarles a ellos, y les van a cantar los que ellos más odian: sus hijos -Javi terminó con la discusión sobre el nombre del grupo y cambió de tema-. Oye galle ¿quién es ese de la mochila, el que está sentado escribiendo? -se referí a mí, ¡claro!. Allí no había más locos... ¿o sí?...
-No sé si un loco o un poeta; pero me debe un poema... ¡oye tú...!, ¡me debes un poema! -me gritó desde la barra.
Entonces me levanté y acerqué mi cuerpo y mi casa hacia ellos para dejarles el poema sobre la barra. Antes tuve que pedirle una bayeta al galle, no es muy limpio..., buena gente, pero no es limpio no.
El galle cogió las hojas y me las dio de nuevo:
Yo acepté, y el galle quitó la música que estaba entonces sonando, y en su lugar puso la banda sonora de "Braveheart" -muy bajita -. La gente comenzó a acercarse a la barra, incluso salió el pastillas que llevaba todo el día ¿o noche? hablando de sus fantasmas con el hada a la que apenas pude llegar a ver ...
Y recité el poema...




